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jueves, 9 de septiembre de 2010

A Queimada: Receta y conjuro


Ingredientes: Aguardiente, azúcar blanco fino, cortezas de limón y algunos granos de café

Preparación: En un recipiente de barro cocido de vierte el aguardiente y el azúcar, en la proporción de 120 gramos por cada litro de líquido. Se añaden mondaduras de limón y los granos de café.

Se remueve y se le planta fuego, con un cazo en el que previamente habremos colocado un poco de azúcar con aguardiente. Muy despacio, se acerca al recipiente hasta que el fuego pase de uno a otro.

Se remueve hasta que el azúcar se consuma.

En el mismo cazo se echa un poco de azúcar, esta vez seco, y colocándolo sobre la queimada se mueve hasta convertirlo en almíbar, que se vierte sobre las llamas y, removiéndolo, esperamos a que las llamas tengan un color azulado.






Búhos, lechuzas, sapos y brujas.

Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas.

Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas.

Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas.

Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos.

Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo.

Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo.

Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida.

Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida.

Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.

¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas.

Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento.

Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada.




sábado, 24 de julio de 2010

Amuleto de protección del Viejo Testamento

Existía una costumbre consistente en llevar un trozo de ropa de alguna persona fallecida y a la cual se le tuvo mucho cariño y aprecio. Este trozo se puede coser a una prenda o llevarla dentro de alguna bolsita, atada alrededor del cuello

Lo simbólico de esta costumbre está basado en la idea de que el espíritu del recién fallecido protegerá a quien lo use de toda acechanza y mal. Es un detalle de respeto para con el difunto y un acto de devoción y amor.

La costumbre quizá tenga su origen en los ancianos que destrozaban la ropa de los muertos y le echaban tierra como muestra de pesar y dolor. Referencias a esta antigua costumbre se pueden hallar en:

Génesis 37, 29-34
Ezra 9, 3
Job 1, 20
Números: 14, 65
Mateo 26, 65
Actas 14, 14

La Nación Judía por D. P. Kidder.